Deporte Local

Publicado en abril 3rd, 2017 | Por Editor

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Ahora sí, adiós

El año pasado, cuando corrí en los Juegos Olímpicos de Río, quise despedir mi carrera. Pero aún quedaba un espacio y también sentía que debía hacerlo en casa. Siendo sincera, creo que suena más lindo decir que me retiré con tres décadas entregadas al deporte, que con 29 años. Ahí nació la decisión de despedirme aquí.

Si me preguntan por mi carrera, en realidad me remontaré a los inicios. Mi primer recuerdo es la primera vez que representé a Chile. Fue en 1992, siendo menor, compitiendo en Perú en un Sudamericano a pie pelado, porque corrí con zapatos con clavos, me incomodaron y terminé sacándomelos. Ó 1993, cuando lo hice en un Sudamericano juvenil y por una deshidratación no pude terminar y me desmayé. Allí, siendo una niña, escuché muchas críticas y lloré muchísimo, incluso me retiré por unos meses.

El año que marcó mi carrera fue 1999. Me fui a vivir a El Salvador para preparar los Juegos Panamericanos de Winnipeg. Primero, corrí en el Maratón de Rotterdam y logré el récord chileno en la distancia, que aún se mantiene. Venía muy bien, tanto que gané esa medalla de oro en Canadá, la única en esos Juegos para Chile. Nunca me había sentido tan importante, porque tuve a mucha gente esperándome en el aeropuerto y en la casa.

No sé si hice mucho en mi carrera, pero hice todo lo que tuve a mi alcance, por eso hoy siento la necesidad de decir adiós. Me preparé durante cuatro años para esto, aunque la primera vez que pensé en retirarme fue en 2004, después de los Juegos de Atenas. Ahí sufrí mi primera discopatía. Ahora tengo cuatro de esas lesiones y dos hernias cervicales.

En ese momento aprendí que ser deportista no se trata sólo de ganar, sino de entender que hay que rendir al nivel que el cuerpo te permite. Para mí, ser medallista pasó a ser algo secundario. Mis últimos 13 años fueron así, porque no hubo un solo día en el que no sintiera un dolor. Aprendí que eso era parte de mí.

Cuando comencé, nunca dimensioné todo el cariño que la gente me iba a entregar. Por eso quise decir adiós de esta forma, corriendo tranquila, acompañando a la gente. Muchas veces paré, me fotografié… 21 kilómetros solo, en vez de 42, pero lo disfruté de verdad.

Estoy muy agradecida del Maratón de Santiago por darme este espacio para poder despedirme. Para mí es un sueño cumplido. A lo mejor no me creen, pero todos los corredores son una motivación, porque siempre, donde vaya, veo gente correr. Gente que es normal, que trabaja, que es mamá, que vive y tiene problemas como cualquiera.

Quiero decirles a todos los niños y jóvenes que nadie los puede privar de soñar. Trabajen de manera honesta y lleguen lo más lejos que la vida les permita llegar.


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